lunes, 27 de febrero de 2012

Let it burn.

Y a cada segundo me voy consumiendo como lo hace todo lo que hago. Se queman mis recuerdos y sus cenizas caen sobre las lágrimas que han dejado huellas alrededor de mi almohada. Sigue oliendo a ese olor tan especial, siguen viniendo y marchandose recuerdos que paran por escasos segundos en mi memoria. A lo mejor no son más que visitas relámpago al igual que una estrella fugaz. Lo bueno es que estos a ratos me traen momentos tal vez lejanos pero intensos. Recuerdos de aquellas noches de verano en las que transitabamos las calles de la ciudad dejando que nuestra locura se apoderara de las luces de una noche que no tenía fin. Ahora cuando todo se vuelve denso, me hacen recordar que juventud solo hay una. Y como tantas veces puede que repita hay cosas que si no las haces en esta etapa, no sé cuando las vas a hacer. Por eso despreocúpate y disfruta de los buenos momentos. Todo tiene sus consecuencias, pero no siempre son malas. Eso sí, también preocúpate. Pero no dejes que estos años se marchen como un tren que dice adiós a su estación. Vivelos intensamente para que luego tengas historias que contar y esperemos que la mayoría de ellas sean buenas.

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