miércoles, 8 de febrero de 2012
Es algo por instinto que no logro explicar.
Temo que mi corazón de porcelana algun día se rompa en mil pedazos. Que mi cabecita loca marche y de mi haga un mar de sentimientos incomprensibles. Suspiro y espero que el futuro me depare algo bueno. Mis cicatrices me recuerdan a todo aquello. A el último beso. A la última vela por soplar de una tarta de cumpleaños. A la última copa de la noche que recuerdo con la palabra inolvidable. A la última carcajada. A la última vez del roce de nuestra piel. Esto, se convirtió en simples recuerdos que ahora rondan por mi memoria e incluso hasta en mis peores días, me abandonan. Se esfuman. Ahora me queda el soñar. Soñar con el sabor de tus labios. Con la felicidad. Con mil sonrisas. Me dí cuenta de que hasta el más valiente tira la toalla en sus peores momentos. Que puede que el que hoy no valore, mañana extrañe. Vayamonos de aquí. Vayamonos lejos. A un lugar donde reine un corazón loco, lleno de humildes sentimientos. Y si eso, vayamonos juntos.

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